Más allá de un pie zambo, una enfermedad de celiaquía… más allá de la diversidad y de las etiquetas que queramos poner… mi hijo no es una malformación.

Y necesito reivindicarlo.

Reinvindicar y recordar que tener dos pies equinovaros es una malformación con la que ha nacido, pero que no lo determina como persona. Es un rasgo que forma parte de él, como tantos otros. Él no es sus pies zambos. Ni su celiaquía.

Él es un niño que a veces está contento y otras triste, que a veces se divierte y otras se aburre, que vive situaciones que le hacen superar obstáculos, que aprende a aceptar lo que no le gusta, y a veces se enfada, otras se siente orgulloso.

Si algo quiero es que no pierda su esencia de ser.

Y es más que dos pies zambos.

Mucho más.

Últimamente, y cada vez más, escucho referirse a nuestros niños como «niños zambos» o «niñas zambas», y a nosotras y nosotros como «mamás zambas» o «papás zambos».

Yo ahí no me siento identificada. Ni siento que mi hijo lo esté.

Me niego.

Y en esto soy rotunda porque me crispa cada vez que lo leo o escucho. Somos más que una malformación, más que cualquier patología, enfermedad, disfunción o rasgo.

Mucho más que eso.

Ya tenemos suficiente con las etiquetas que queriendo o sin querer nos vamos añadiendo a lo largo de nuestra vida, como para definirnos como malformaciones, patologías, enfermedades o rasgos… que forman parte de nosotros, pero no nos convierten en ello.

Este post es mi pataleta, mi gritar al mundo que mi hijo es más que eso. Y que nuestras diferencias y obstáculos forman parte de nosotros, pero no se convierten en nosotros, aunque nos descubran nuestras mayores fortalezas, aunque ahora quizás no lo veamos.

Esto es lo que quiero enseñar a mi hijo. A mis hijos.

Que sean ellos mismos, más allá de todo lo que la sociedad queramos cargar sobre ellos para sentirnos más cómodos o ayudarnos a entender algo que en realidad es mucho más sencillo que todo eso.

Feliz de ser. Feliz de estar.

Seguimos caminando.

Feliz día y feliz vida.

Tere González Buetas