Si algo me está regalando la vida a través de los pies zambos de mi hijo, es conocer a personas con mucha grandeza de alma, además de excelentes profesionales.

Hoy comparto una maravillosa conversación con la Dra. Anna Ey Batlle, traumatóloga y cirujana experta de referencia en el tratamiento del pie zambo por el Método Ponseti, y discípula directa del Dr. Ignacio Ponseti Vives.

A través de las palabras de la Dra. Ey podemos conocer un poquito cómo era el Dr. Ponseti y qué le motivó a investigar para mejorar el tratamiento de los niños que nacían con pie zambo.

A través de esta charla, la Dra. Anna Ey expone de una manera magistral la esencia del Método Ponseti, por qué es tan importante seguir bien el Método y no utilizar otras técnicas agresivas y todo lo que impregna el Método Ponseti, que más que un procedimiento es una filosofía de vida.

QUIÉN ES ANNA EY BATLLE

Doctora traumatóloga infantil y cirujana. Desde 1995 ha trabajado en el Hospital San Juan de Dios, en Barcelona.

Es directora del Equipo Ponseti Dra. Anna Ey, ubicado en la Clínica Diagonal de Esplugues de LLobregat, en Barcelona.

Experta en el tratamiento del pie zambo por el Método Ponseti, siendo discípula directa del Dr. Ignacio Ponseti.

QUIÉN FUE IGNACIO PONSETI VIVES

Ignacio Ponseti Vives nació en Menorca el 3 de junio de 1914. Falleció en Iowa (EEUU) el 18 de octubre de 2009.

Traumatólogo y ortopeda.

El Dr. Ignacio Ponseti es el creador del Método Ponseti, en su esfuerzo y dedicación para un mejor tratamiento y corrección del pie zambo.

A partir de ahora, te dejo con las palabras de la Dra. Anna Ey, no sin antes AGRADECER ENORMEMENTE toda su generosidad al compartir siempre.

Puedes escuchar la conversación directamente desde este reproductor o leerla a continuación 🙂

Realmente me emociona mucho hablar del Dr. Ponseti, sólo oír su nombre y ya se me han puesto los pelos de punta.

El doctor Ponseti era la imagen de lo que tiene que ser una persona científica y de enseñanza perfecto. Era un doctor que, habiendo llegado a donde llegó, habiendo empezado desde lo más bajo, seguía teniendo una absoluta humildad.

Era muy cercano. Tú te podías poner a discutir con él, era una persona de mente abierta. Si tú le dabas una idea él la pensaba, no por ser el profesor Ponseti ponía una pared.

Era también muy generoso a la hora de enseñar, que esto falta mucho en el campo de la medicina en general, porque cuando alguien destaca mucho en algo siempre tiende a quedarse una parte para que los demás no le adelanten. En cambio Ponseti no tenía ningún problema.

Nunca perdió la ilusión por enseñar sus cosas. Además, era una persona muy defensora de sus ideas.

Cuando él se dio cuenta que con su método se obtenían mejores resultados, a pesar que estuvo muchos años en los que prácticamente nadie le hacía caso, siguió defendiendo su método siempre, con el mayor esfuerzo.

Él vivía y trabajaba en Iowa, que es un estado de Estados Unidos que si miráis en el mapa y hacéis un punto más o menos en el medio, tirando para arriba ahí está Iowa.

En aquellos tiempos que le tocó vivir (en los años 40 que llegó hasta que murió en el 2009), pues los primeros tiempos evidentemente la gente no sabía qué había en Iowa. Había campos de cereal y poca cosa más, y mucho granjero.

Y él, a pesar de que lo publicó y todo, como no le hacían caso y estaba tan convencido, él seguía absolutamente coherente con sus ideas y con sus principios. Tampoco se dejó nunca, no es exactamente la palabra no, pero sobornar por nada, ni por ganar fama. Ni por el dinero ni por nada.

Era IN-COMPRABLE en cuanto a principios.

Era una persona absolutamente íntegra, simpática, cariñosa con los niños, tenía como esa gracia que hay gente que tiene y hay gente que no, que que se acercaba a un niño y el niño lo abrazaba o no le importaba sentarse su falda.

Era el abuelito tierno cuando yo lo conocí, porque fue joven, evidentemente, que todo el mundo hubiera querido tener, porque era maravilloso.

Hablaba con un tono muy pausado que aún te hacía sentir más paz.

Yo iba a Iowa cada año y, a veces, más de una vez al año, también nos veíamos cuando él estaba aquí en Barcelona a temporadas.

Cuando iba era porque yo necesitaba cargar pilas, cargar de la energía que desprendía. Tenía tal energía y un aura tan bonita, que iba y yo volvía con un subidón… cuando volvía del avión iba de subidón. Después, cuando llegaba aquí, a veces, me pega bajón, pero me ayudaba a cargar.

Y así, en palabras, es como lo definiría: una persona absolutamente excelente en cuanto que rozaba la perfección en cuanto a genio, un genio humano, con una humanidad increíble, generoso pero a la vez absolutamente estricto con lo que hacía.

Y muy fiel a sus principios. Esto lo definiría muy bien.

TERE: “Qué maravilla, Anna. Me hubiera encantado conocerlo, pero a través de ti siento que lo estoy conociendo y me parece que lo que le hace genial, lo que le hace genio, lo que él hace es maravilloso, es su excelencia como profesional, pero también como persona. Que eso a veces se nos olvida.”

Evidentemente, Yo creo que el Dr. Ponseti esa faceta de persona lo hacía muy especial.

Muchas veces los que salen en los libros, los grandes científicos de la historia, en esta faceta de conexión con el mundo y con los pacientes en el caso de la medicina se pierde un poco.

Subes un poco a los cielos y te olvidas un poco de lo que hay en el mundo de los puros mortales.

En cambio, él nunca perdió esa conexión.

De hecho, justo antes de morir, creo que fue en el 2009, hicimos una campaña y se propuso para premio Nobel.

Porque realmente podía tener más de 200 artículos publicados, ya no contemos todas las charlas y todos los premios, no sé cuántos premios tenía.

Es que era conocer a una leyenda y la tenías delante.

Es inexplicable y eso es un honor para mí, yo me considero una persona privilegiada absolutamente.

CÓMO LLEGÓ EL DR. PONSETI A IOWA. SUS INICIOS.

Él nació en Menorca y se trasladaron al cabo de unos años a Mallorca, pero el negocio a su padre, no le iba bien.

Su padre era relojero y él siempre decía que en el fondo el tratamiento de pie zambo y de muchas cosas quirúrgicas es como el trabajo de un relojero. Y él siempre hacía el símil.

Estaba muy orgulloso de que su padre fuera relojero.

Como la cosa tampoco iba bien, pues acabaron viniendo a Barcelona.

Eran una familia muy humilde, porque las cosas no iban bien. Era la época antes de la guerra civil y la época en la que estaban los burgueses, que tenía mucho dinero, y los otros que no tenían dónde caerse muertos.

Su familia no tenía muchos recursos, pero él consiguió estudiar medicina, a base de becas y a base de sacar matrículas de honor.

Era un estudiante brillantísimo, y justo el último examen lo hizo el día 17 de julio de 1936, el día antes de que empezara el alzamiento nacional, y con ello la guerra civil.

Fue reclutado como médico de guerra, se dedicó especialmente a causa de la guerra a la Traumatología y a la cirugía, durante toda la guerra civil en el bando republicano.

Él estaba en Barcelona y además, por ideología familiar, era favorable a ese bando, y hasta que fueron acorralados y acabó yendo a Francia.

De hecho, los que eran sus superiores en rango militar se llevaron el dinero que había en caja para trasladar a los enfermos en taxi por los Pirineos. Acabaron trasladando en mulas él con los enfermos a través de los Pirineos para ir a Francia, y allí estuvo en un campo de refugiados.

Como en Francia, los franceses lo querían, pero no lo querían como médico, no se lo pusieron fácil, entonces acabó yendo a México.

En México estuvo trabajando tres o cuatro años, y el profesor que tuvo en México, el Dr. Farrel, le propuso marchar a Estados Unidos.

Yo creo que este doctor ya vio que era una persona brillante, vio ese brillo especial.

Para poder ir a Estados Unidos tuvo que trabajar duro para conseguir el dinero que se tenía que pagar para entrar, que era como un visado.

Y acabó en Iowa porque el doctor Farrel conocía al Dr. Steinert, que era el jefe de Iowa.

Y aquí viene la conexión.

El Dr. Ponseti se dedicó a muchas cosas, tiene artículos de las cosas más inverosímiles de perthes, de displasia de cadera, de alteraciones de cartílago, de cosas bioquímicas… Trabajó en muchísimos y muy diversos campos, incluyendo la escoliosis.

Él estuvo investigando en prácticamente toda la ortopedia infantil y no diría toda la ortopedia o traumatología, pero casi.

De hecho, creó el laboratorio de bioquímica que hay en Iowa.

Era una mente pensante continua, iba a 200 a nivel cerebral. Y en eso yo creo que también conectamos un poco porque estamos los dos un poco acelerados.

Él llegó allí y estaba el Dr. Steinert.

El Dr. Steinert era un doctor de origen germánico que había acabado de jefe de servicio, que también enseguida pilló de que ese chico español era listo,y debió pensar “con este igual puede hacer grandes cosas, puedo sacarle partido”.

El primer trabajo que le hizo hacer, vaya cosas del destino, fue revisar los pies zambos que el doctor Steinert había operado.

El doctor Steinert era un cirujano de pie muy famoso, que tiene cirugías con su nombre, y le hizo revisar los casos de pie equino varo operados por él.

El doctor Ponseti empezó a revisar los casos operados por su jefe al cabo de 10 o 15 años, para ver su evolución.

Empezó a ver niños mayores y adolescentes que estaban con el pie rígido, débil, con las cicatrices de arriba hacia abajo del pie y que empezaban a tener molestias… y como era científico estricto recogió estos resultados y se los presentó al doctor Steigner.

Ahí hubo un pequeño conflicto de intereses, y ese trabajo nunca se llegó a publicar.

Pero sirvió para una cosa y un gran fin que fue que esa cabecita que no paraba, se enfocará en encontrar una solución que no fuera pasar por esas cirugías que él había comprobado que, a largo plazo o a medio plazo, no iban bien.

Y por eso el doctor Ponseti empezó a dedicarse en parte, pero no en todo, pero en una gran parte a investigar y a ver cómo podía crear una manera de solventar esa deformidad.

Pero además, aparte de revisarse cientos, por no decir miles, de artículos de anatomía, de mecánica, de todo sobre el pie y el pie zambo (porque estudió las dos cosas).

Empezó a realizar estudios cuando había un feto que no llegaba a término y le avisaban, (tenía avisado a todo el mundo), entonces podían hacer un estudio a nivel anatómico.

Se hacía hasta radiografías él al pie para entender cómo se movía el pie y cómo se iban colocando los huesos con el movimiento.

Supongo que se debió achicharrar los pies, pero no le pasó nada, no tuvo ningún problema por eso y empezó a pensar cómo podía hacer para diseñar un modo de corrección.

Empezó a diseñar lo que ahora ya podemos llamar el método ponseti en sí.

Pero en principio fue un poco estudiar la biomecánica, entender qué pasaba dentro del pie y, a partir de ahí, con las bases entendidas, ir desarrollando una metodología que él empezó a hacer en los años 50 y hasta al cabo de 10 años no publicó su primer trabajo, porque era tan estricto que no quería hacer un trabajo a dos o tres años vista.

Decidió esperar para tener más datos y estudio respecto a los resultados y evolución posterior.

Esto en el mundo científico también es otra gran cosa, tener la suficiente paciencia y capacidad de retención o de autocontrol para que, cuando has hecho algo que te parece que es muy bueno, no tener ganas de publicarlo y tener un artículo ahí publicado con tu nombre y tu técnica.

Él espero a ver qué pasaba con esos niños que estaba tratando.

Estudió el pie zambo y además todo lo que había de artículos que hablaban de la biomecánica, es decir, sobre cómo se movían los huesos, tanto en el pie normal y lo poco que había en pie zambo.

Y entonces con todo esto dijo: “Ah, pues si yo le hago esta maniobra hacia aquí en vez de hacer lo que parece lógico, que un pie que está con las plantas hacia arriba las bajo…. No, eso no. Yo lo que tengo que hacer es irme llevando el pie hacia afuera, porque por este mecanismo como el astrágalo está bien, hago girar todo, y entonces corrijo todo a la vez.

¿Cómo lo mantengo? Pues lo mantengo con yesos. Porque sino lo mantengo, las fibras estas que he estudiado, que tienen mucho colágeno, tienen muchas células, se enfadan si lo tienes en movimiento y hacen el pie más rígido, con lo cual lo mantengo estirado con un yeso en la posición de máxima tensión que he conseguido. Igual que si fuera un muelle, tú lo estiras, lo aguantas una semana estirado y cuando lo sueltes ya no retorna al inicio.

Retorna al inicio un poco menos, y aprovechando esta similitud del tendón y de ligamento parecido a un muelle.

El Método Ponseti desde el principio fue con la manipulación, exactamente como lo hacemos ahora, aunque ahora hemos aprendido y hemos evolucionado, a que hay diferentes maneras de hacer lo mismo agarrando el pie de una manera o de otra y que hay que adaptarla a cada persona, a su anatomía.

Cada terapeuta en el sentido amplio de la palabra, es decir, la persona que trata el pie, tiene que adaptar la maniobra a cómo le va mejor a él hacerla.

Pero la maniobra en la base era la misma, que consistía en mantener el astrágalo en su sitio y hacer girar el resto.

Y haciendo una palabra mágica, yo digo que es la palabra mágica del Método Ponseti, que es la abducción.

La abducción consiste llevar el pie hacia afuera alrededor del astrágalo.

Eso fue de inicio y ya estaba descrito así. Eso era igual.

En las férulas sí hay una gran diferencia respecto a cuando él diseñó el método también cuando él lo publica en el libro en el año 96 a la actualidad.

Al principio ponía las férulas también abiertas, quizás no tan abiertas en grados, pero muy similar, pero las ponían muy poco tiempo (un año o año y medio, que era muy poco).

Respecto al tratamiento de la recidiva, él ya vio que es que el tratamiento quirúrgico tendría que ser la transposición, pero sí que es verdad que al principio no descartaba, o dijéramos no rechazaba, que si era necesario añadir otras cosas y si el caso no se podía resolver de ningún modo podía acabar en cirugía.

No era como ahora, que es NO cirugía, liberación NO, sino que al principio aunque el Dr. Ponseti creía en el Método, todavía necesitaba ir ajustando hasta ver hasta qué punto funcionaba.

Y que cada vez más el espacio que quedaba a una cirugía clásica era menor.

Al principio había espacio, pero cada vez que iba arrinconando más, esa fue poquito de diferencia del método descrito en el año 63 a lo que estamos viviendo hoy en día y que ya estaba definido en el 2005, y cuando murió también.

CONEXIÓN ENTRE EL DR. PONSETI Y LA DRA. EY. INICIOS DE ANNA EY EN EL MÉTODO PONSETI.

El Método Ponseti sigue evolucionando, está en constante actualización y estudio.

Nuestras trayectorias de vida se cruzaron en marzo de 1997.

Fue un cruce un tanto peculiar y con esas cosas que tiene el destino, que que te lleva a donde te tiene que llevar, aunque quieras evitarlo o aunque no lo busques.

Fue un poquito así porque yo no tenía ni idea de quién era el Dr. Ponseti antes de conocerlo.

Yo llevaba en el hospital Pediátrico de Barcelona, en San Juan de Dios, desde julio de 1995. No llevaba ni dos años trabajando allí cuando lo conocí.

De hecho, había empezado prácticamente más haciendo traumatología que ortopedia.

Con lo cual haciendo ortopedia infantil, que es la parte en la que podríamos incluir el pie equinovaro, pues igual llevaba medio año.

El pie zambo es como el tesoro de la ortopedia infantil.

Siempre ha sido considerado como la niña bonita que a todo el mundo le gusta hacer. Y eso que suena tan guay, de hecho es un hándicap, porque cualquier cirujano pediátrico que se precie quiere hacer pie zambo porque es algo muy valorado.

Antes el tratamiento del pie zambo consistía en hacer una gran cirugía, muy difícil, y que necesitaba experiencia y necesitaba tener manos.

Entonces era como ponerte la medalla de que cuando ya llegabas a hacer pie zambo eras lo más.

Yo, evidentemente, acababa de llegar, era la jovencita del hospital con diferencia.

Había acabado la residencia en el hospital de Bellvitge y encontré trabajo al terminar mi residencia, porque además yo buscaba un sitio para hacer columna.

Porque lo de tratar pie zambo fue un capricho del destino, se cruzó en mi camino el pie equinovaro, pero yo toda la vida me he dedicado a hacer columna.

Ese era mi deseo.

Vi una oportunidad y me presenté a la convocatoria y me dieron una plaza.

Justo hacía unos 6 meses me habían empezado a enseñar lo que hacían en el hospital para tratar el pie equinovaro.

Consistía en poner unos vendajes que generalmente no servían para corregir totalmente la deformidad, sólo en muy pocos casos.

En los casos graves, curiosamente, ponían yesos, pero sin metodología, con lo cual era poner yesos y que igual me podía mandar a mí, que era la última que había llegado, a poner un yeso sin saber como lo tenía que corregir, sino simplemente utilizando la lógica, tú veías un pie con una planta para arriba y la bajabas intentándolo poner para que pareciera un pie.

Era lo que hacía todo mundo.

En ese momento me habían enseñado el protocolo  que utilizaban, cómo se ponían los vendajes, después le ponían una férula, le hacían una radiografía a los 3 meses y casi siempre el calcáneo y el astrágalo estaban paralelos, así que había que operar.

Y se programaba para operar a partir de los 8 meses.

Esto era la mayoría de pies zambos que llegaban a mi hospital. La gran mayoría, no puedo decir números, pero podría ser un 80%.

El método ponseti no había llegado al hospital todavía. Era un poco Método Dennis Brown, porque era un poco el método del doctor Dennis Brown, con su férula, y después la cirugía que se hacía la liberación posterior interna y que desde los últimos años se estaba haciendo con la llamada “cirugía de Cincinnati”, que lo único que cambia es el tipo de corte.

Por dentro haces lo mismo, alargas los tendones que se supone que están cortos, abres las cápsulas que se supone que no ceden y abres todo hasta que desmontas el pie y lo vuelves a montar en posición correcta, olvidándote de que tú estás cambiando la posición de unos huesos que son cartílago en una hora, y les obligas a estar de un modo que estaban encajados a ponerse en un sitio que nos parece correcto, pero que no encajan.

TERE: «Eso es lo que yo entiendo por las familias y gente que conozco ahora son cirugías muy agresivas. Que luego a la larga, cuando van creciendo suelen tener muchos, muchas dolencias, no muchos problemas en los pies, piernas, cadera…»

Exactamente. Eso es lo que lo que había visto el Dr. Ponseti, que no iba bien cuando había llegado Iowa que su jefe no le había dejado publicar.

En ese momento yo era la pringadilla del hospital, y había unas jornadas de Ortopedia infantil que se hacían cada año, y el doctor Escolá, que era un maravilloso cirujano de pie equino varo, y  que operaba como los ángeles, y de entrada los niños que él operaba estaban bien, porque incluso yo participé en la revisión de esos niños y estaban muy bien o bien de niños, no de adultos.

Y tenían muy poco problema estético porque la cicatriz de Cincinnati es muy estética, y el Dr. Escolá, que era el que se encargaba de esta patología de pie equinovaro, en la sesión nos dijo que se había enterado que el Dr. Ponseti estaba en Barcelona, y había pensado en invitarlo a dar una charla, porque era una persona de prestigio que trataba el pie zambo de una forma diferente.

Preguntó si en ese momento alguno de nosotros estaba tratando a algún bebé con pie zambo, para que el doctor Ponseti nos enseñara cómo pone él los yesos, ya que tenía una manera especial de hacerlo.

Yo estaba haciendo una bebé con vendajes que ya tenía 3 meses, estaba en la fase de tener que hacerle la radiografía, ver que está en paralelo y prepararla para operar.

Le faltaban días para llegar a ese momento.

Hablé con los padres, y aunque me costó convencerles, aceptaron venir para que el Dr. Ponseti la tratara ese día.

Ese día estuve con los padres fuera, entré a trozos en su charla y cuando terminó eran las nueve de la noche. Yo estaba con los padres de Judith y cuando salió el Dr. Ponseti con su mujer Elena Percas que siempre eran inseparables, ella siempre iba acompañando y apoyando a ponseti en su batalla por arreglar pies ambos.

De hecho, Elena sabía mejor que la mayoría como se trataba un pie zambo.

Entonces le mostré a los padres y a la niña, le expliqué que la estaba tratando por un pie zambo y de la forma que lo hacía.

El padre de Judit se mostró de nuevo disconforme, pensando que se iba a experimentar con su hija, y entonces el Dr. Ponseti habló con ellos y empezó a hablar con ese tono que tenía tan conciliador, tan de paz, tan de calma, que el padre al segundo quedó convencido.

Como ya era tarde, no quedó nadie del servicio. Todo el mundo se fue a su casa a cenar, así que nos fuimos a urgencias, ya que no había sitio para poner un yeso porque estaba cerrado todo el hospital.

Y ese primer día nos fuimos a urgencias.

Y ese fue el primer yeso que puso el Dr. Ponseti en mi hospital, a las 9:00 de la noche, con su mujer al lado en la sala de urgencias, con el papá y la mamá de Judith, que ahora ya tiene veintipico años e incluso me sigue en Instagram, y dos doctores que estaban de urgencias.

Ya de entrada, eso ya te choca, porque llevar al gran Dr. Ponseti a una sala de urgencias no es lo habitual, y él no le dio importancia, aceptó encantado.

Y después, cuando yo vi cómo él se acercaba a la criatura, y pedía con una educación extrema a todos lo que necesitaba… quedé maravillada.

Porque él lo tenía que tener todo controlado para el bienestar, creando una atmósfera absolutamente de paz.

Pero ya cuando vi cómo ponía las manos encima del pie quedé absolutamente prendada, enamorada de esa forma de trabajar, de esa magia.

Me transportó a otro mundo. Se acercaba al pie con una suavidad extrema, y ver cómo con una maniobra simple, sin fuerza, conseguía algo que yo no había conseguido en 3 meses de vendajes.

Ahí lo vi claro: esto es lo que hay que hacer.

Y ahí apareció Anna Ey en la vida del doctor Ponseti.

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1997 – Dr. Ponseti y Dra. Anna Ey realizando un yeso Ponseti.

Ese fue el primer año.

Y como el doctor Ponseti era una persona generosa, humilde y accesible, se ofreció para ayudarme con los siguientes yesos.

Como estaba jubilado, él se iba a quedar en Barcelona una temporada, en Iowa los inviernos son muy fríos y él venía cada invierno a pasar el invierno en Barcelona y Mallorca que tenía familia.

Hicimos juntos 3 cambios de yesos. Yo le avisaba del día de la semana que se hacía el cambio de yeso y venía a hacer el cambio conmigo.

Después de ese primer día me puse a estudiar como una loca el Método y todos los artículos que encontré, y empecé a descubrir todo lo que había investigado, y la verdad es que me dio mucha vergüenza, pero ya pude acercar a él de otra manera, con más información pero con más miedo porque tenía al lado a un genio, a un súper top.

 El segundo día me dice: “Si quieres, yo te ayudo y tú haces el yeso a ver cómo coges el pie y cómo lo haces”.

Como me lo había estudiado y además me había quedado tan impactada del momento suyo (cuando lo hizo él), pues lo cogí y le moví el pie en buena dirección.

Y le gustó.

Me dijo: “Eres la persona que lo ha aprendido más rápido que he visto jamás”.

Y entonces no me desmayé porque Dios no quiso, de la emoción.

Hicimos los yesos de Judith y ahí me quedé haciendo, porque ese luchar por lo que crees también iba en el pack que te transmite.

Te transmite la paz, te transmite esa generosidad, pero te transmite también esa coherencia con las ideas.

Y yo lo veía tan luchador a la edad que tenía, que me motivaba a luchar más por lo mismo.

A veces teníamos conversaciones y me decía: “Tú crees, Anna, que algún día veremos a los niños que no sean operados y que se haga mi método en el mundo”.

Y yo le respondía: “No sé si usted lo verá, pero usted no se preocupe, que si no está, estaré yo.”

Entonces yo me quedé como el bicho raro en mi servicio, la nueva, la jovencita, la criatura esa que encima no hacía lo que no hacían los demás, que iba a contracorriente.

Tuve la suerte de que el doctor Escolá, que era el que operaba a los pies de equino varos, que era muy inteligente y muy listo, fue mirando con el a ver qué hacía yo, como iban los pies que yo estaba haciendo, como quedaban… y empezó a pasarme pacientes suyos a los que les había realizado yesos (con muy poca técnica) para que yo les hiciera la tenotomía. Cuando yo ya llevaba dos o tres años haciendo la tenotomía.

El doctor Escolá no me prohibió nada, me dejó hacer el Método Ponseti, y las enfermeras fueron las grandes artífices de que yo esté aquí ahora, porque si no hubiera tenido a nadie más apoyándome, hoy nada sería igual.

Porque una cosa es que te dejen hacer y otra cosa es que acabes recibiendo pacientes.

Las enfermeras, que eran las que estaban en el día a día en la consulta con todos los pies zambos, los tratados de un modo y los tratados de otro se fueron percatando, de que había unos pocos que iban bien, que eran los que hacía la Anita, que soy yo.

Como ellas siempre quieren lo mejor para el niño, no tienen más interés en el asunto, ni egos, ni protagonismos… Ellas veían que había niños que estaban bien y otros que no estaban tan bien, entonces lo debieron comentar y empezaron a desviar bebés con pies zambos hacia mí.

Y así, poco a poco, la doctora Ey fue tratando un poquito más de pie zambo, porque sino igual llevaría 30 tratados y no unos 2000 pies. La cosa hubiera sido diferente.

Me fui haciendo un nombre, además, durante muchos años en España nadie hacía Método Ponseti.

Yo recuerdo que en el 2005 el Dr. Ponseti vino al Congreso Europeo a dar una conferencia magistral y gente que está ahora muy pro método, aún estaban en la fase de incredulidad y renegando.

No era habitual que alguien que hiciera todo método ponseti radical, como lo hacía yo.

Los primeros congresos eran bastante de risa, primero porque era la loca de Ponseti, después ya a partir del año 2000 que me había colocado Ponseti en una página web, era la loca que curaba por Internet cuando yo no sabía casi ni lo que era, y además eran capaces en una discusión decirme que los pies de mi serie eran pies mucho más fáciles y flexibles, porque iban demasiado bien.

Y en cambio era al contrario, porque a mí me venía todo el mundo rebotado.

Entonces esa fue la historia de Anna Ey en el pie zambo. Así entré, por la puerta grande, a contracorriente de todo el mundo.

Es como entrar en un estadio que están abiertas las puertas de salida y tú quieres entrar.

TERE: Qué maravilla de verdad, es que no tengo ni palabras, me he emocionado mucho escuchando tus inicios, esa conexión especial con el Dr. Ponseti, esa conexión especial que tienes con los pies, con los niños… yo lo he vivido porque tú no has tratado a mi hijo (por desgracia), pero sí fuimos una vez hace muchos años cuando yo no sabía todavía quién era Anna Ey, me habían recomendado que fuera a ti como la mejor, pero no sabía realmente quien eras. Sí recuerdo esa visita y recuerdo cada palabra que dijiste, y recuerdo cómo trataste a mi hijo (que eso es muy importante) y cómo nos trataste a nosotros. Y recuerdo, que es algo que me impresionó, cómo tocabas los pies de mi hijo.

Es como acariciarlos, no sé, es algo que yo no he visto, sólo te lo he visto a ti.

FILOSOFÍA DEL MÉTODO PONSETI

Yo siempre digo que soy una friki de los pies zambos. Y lo digo yo de mí misma, o sea que es así, pero realmente el método ponseti se puede hacer mecánicamente.

Yo considero que si quieres aprenderlo bien tienes que ir a buscar una fuente buena, porque si aprendes una fuente con vicios, tú vas a aprender esos vicios.

Yo tuve esa suerte, aprendí de la fuente principal: del Doctor Ignacio Ponseti. Y eso es muy importante.

En el Método Ponseti hay una parte mecánica, cuadriculada, y después hay una parte que sale de esa cuadrícula. Y esta parte no está en los libros.

Hay una especie de aprendizaje del sentimiento de los sentidos, en todo lo amplio, sobre todo en el sentido del tacto.

Cuando hago el posgrado que además doy una clase de práctica del día a día, les muestro una imagen de braille.

Porque tienes que aprender a leer como el braille en el pie, porque tratamos a recién nacidos, que son muy pequeños, y si tú quieres tener una experiencia, o sea, hacer el método ponseti perfecto, lo más parecido a lo que él creó y a lo que él desarrolló, tienes que llegar al punto que en tu cabeza tengas la imagen del pie y que cuando tú tocas con suavidad, igual que cuando lees en braille, seas capaz de llevar esa información a tu esquema mental del pie.

Y saber en cada momento dónde estás, y qué es lo que sientes que se mueve cuando tú mueves el pie.

Esto yo lo enseño cuando la gente viene a aprender. Y tengo mucha gente a la que he intentado enseñar, también te digo que yo creo que no todo el mundo es capaz de aprender esto, tienes que tener los canales de entrada muy abiertos porque suena muy friki.

“Hacer sentir, hacer palpar…”

Yo lo hago muchas veces sin querer, sobre todo cuando es un pie difícil. Se me cierran los ojos.

En el Método Ponseti también tienes que estimular el sentido de la vista, para saber detectar cositas que si no aprendes tampoco detectas, y hay que aguzar el oído porque tienes que aprender cómo es el lloro o la protesta del niño.

También agudizar el oído para escuchar a los padres y procesar esa información para saber qué información quieren recibir, que te están preguntando realmente… porque a veces igual la pregunta no es directa, y ahí hay mucha cosa por debajo escondida, o saber detectar sentimientos de culpa, cosas de éstas…

El saber escuchar, el saber tocar y el saber ver. Todo esto que está muy desarrollado en el método ponseti.

Después ya viene la risa, porque está buena conversación que tuvimos con Ponseti, que te demuestra una vez más cómo era.

Yo recuerdo que cuando ya llevaba una cierta práctica, sobre el año 2000 o por ahí, una de las veces que fui, porque siempre íbamos los dos juntos y me dejaba una bata que ponía su nombre y me preguntaban si éramos familia, y siempre íbamos a comer juntos. Estábamos todo el día juntos.

Él seguía una rutina un poco alternativa al hospital, decía que los americanos estaban un poco locos y que a las 6:00 de la mañana no eran horas para hacer sesiones clínicas, y que él y yo quedábamos a la puerta del hospital a las 9, que era una hora decente.

Y a la hora de la siesta se encerraba a hacer su hora de siesta, y tenía a su secretaria como guardiana en la puerta para que no entrara nadie a molestar.

Él tenía una serie de costumbres muy hispánicas, muy latinas, de aquí del Mediterráneo, y que se las llevó con él.

Y estaba muy orgulloso de sus orígenes, y además también estaba muy orgulloso del origen catalán, y que no se me ofendan los de Baleares, porque él estudió en catalán.

Hay que recordar que era la época de la república, no había ningún tipo de represión en lenguas. Y cuando yo iba a Iowa, a él le hacía mucha ilusión hablar catalán conmigo y hablábamos catalán.

Aquello parecía la Torre de Babel, porque entre nosotros hablábamos en catalán, si venía alguien que era hispano o español, cambiábamos a español, y si nos encontrábamos, que eso era bastante habitual, con alguien del hospital que hablaba en inglés, pues hablábamos en inglés, y de golpe volvíamos al catalán.

Y en estas conversaciones pues salían cosas muy divertidas de hartarnos de reír, y un día, ya cuando yo ya tenía cierta confianza (porque no me hubiera atrevido jamás de inicio), le pregunto: “mire, voy a decir una cosa, pero no me tome por loca, pero es que se lo tengo que decir. Es que tengo la sensación que el pie me habla. LLevo un tiempo que me doy cuenta de que, a veces, cuando me vienen pies que no están en el esquema del pie zambo porque vienen tratados y cosas así, y yo lo que tengo que hacer es escuchar lo que me dice pie para saber hacia dónde tengo que llevarlo. El pie me dice Llévame, para aquí, hazme esto«.

Y el doctor Ponseti me contesta: “Claro, a mí también me habla el pie, tienes toda la razón, tienes que saber escucharlo, pero el pie te habla”.

Y entonces ya pensé, pues tampoco estoy tan loca, puedo estar tanto o igual de loca como está el doctor Ponseti, lo cual es maravilloso. Y viva la locura.

Esto son anécdotas que marcan la diferencia del método ponseti con la magia o la filosofía Ponseti.

Lo de la filosofía Ponseti fue una cosa que yo le dije a mi primera alumna aventajada, Cristina Alves, que estuvo conmigo en el 2003.

Antes me daba hasta vergüenza, además nadie quería aprender Método Ponseti porque era como ir a contracorriente, algo que nadie hacía, pero con Cristina intenté transmitirlo y lo conseguí, porque ha sido una alumna más que aventajada.

Le dije esta frase:

“El Método Ponseti no es un método, es una filosofía”

Y esta frase la pone ella siempre en todos los congresos, y me pone una foto que estoy bastante ridícula, pero bueno que me hace mucha gracia porque todos se ríen.

Y con esto quiero decir que es mucho más amplio que tratar el pie zambo, sino que es todo lo que envuelve el tratar un pie zambo, y como tú te implicas en ese tratamiento.

Tú como profesional, y como tú transmites e interactúas con la familia.

Todo eso es una filosofía.

Y casi es una filosofía en el sentido de filosofía de vida, si te pones a ir más allá, la coherencia con tus ideas. Lo que es bueno para los demás, eso es la manera y esa generosidad, eso es una filosofía de vida.

Yo ya era así, tampoco me tuvo que moldear demasiado, porque yo siempre fui una médico de las que creía en la medicina en su pura esencia. Sí que es verdad que te marca mucho que te cruces con una persona de este peso específico en tu camino.

TERE: Y tanto que sí Ana a mí me pasó contigo en las primeras Jornadas Ponseti en Barcelona, cuando diste una charla, era la primera vez que te escuchaba y ahí entendí lo que es el método ponseti, más allá de todo el protocolo físico, entendí lo que había vivido en tu consulta en Barcelona con los pies de mi hijo, con el trato hacia mi hijo, con el trato hacia nosotros, con esa empatía… y entendí todo lo que envuelve el método Ponseti, la magia Ponseti, la filosofía Ponseti.

Y es lo que me gustaría que fuera siempre así, que fueran tratados todos los niños así, todas las familias así. Hacer ese gran equipo.

Ese es el sueño. Ese era el sueño que tenía el Dr. Ponseti, aunque yo creo que él aspiraba a poco, se conformaba con que se hiciera a nivel mecánico.

Sin embargo, su manera de transmitir te estaba diciendo otra cosa, y él consideraba como similar a quien captaba esa esencia.

Yo creo que por eso también tuve un trato muy de tú a tú, porque él me veía como alguien con quien podía debatir sobre ello, me preguntaba.

Yo me acuerdo cuando se puso de moda hablar de los pies complejos, los pies atípicos… En una de sus visitas me preguntó si yo había visto unos pies arrugados, gordos, rechonchos, muy sensibles y con una arruga en medio horrorosa.

Y yo le dije que sí, que muchos pies me venían así. Yo les llamaba pies hiatrogénicos, que quiere decir “mal tratados”.

Él se sorprendió y me preguntó cómo los trataba.

Yo le dije: “Aplico el Método y la arruga ya se va sola con el tiempo”.

Y esto es un ejemplo de lo especial que era, porque esto no suele hacerlo un genio.

Un genio no suele preguntar.

Y esto es la genialidad, esto es la generosidad.

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2005 – Dr. Ponseti con Dra. Anna Ey realizando un yeso

Tenía, y puede ser que aún tenga alguno, algún email, porque eso ya era en 2005 que ya existía el Internet y eso ya es otra cosa.

Yo tengo cartas escritas a mano, porque nos enviábamos cartas por el correo aquel de avión para que fuera un poquito más rápido, y si tenía una cosa urgente, pues entonces lo tenía que llamar por teléfono, porque el Whatsapp tampoco existía.

Tengo emails de la última época que me escribía y me decía “he pensado que los pies complejos puede ser que se deban a que hay un aumento de…” y me hacía todo su razonamiento escrito. Para que yo le diera mi opinión, mi contraoferta.

Estas cosas pasan cuando hay esta conexión.

Uno siempre tiene que tener los pies en el suelo. Yo no creo en esto de las subidas y que estés en alto.

Yo creo que todos en esta vida tenemos una misión y todos no servimos para todo, y por desgracia, no siempre todo el mundo encuentra su caseta donde encaja.

Pero cuando tienes la suerte de encontrar tu espacio, el espacio para el que estás mejor predestinado, todo encaja mejor.

Cada persona tiene la capacidad de ser excelente en algo, pero el problema es que cuando nacemos y vamos creciendo nadie nos dice en qué vamos a ser excelentes.

La vida te va llevando a tomar decisiones y, a veces, esas decisiones te llevan a encontrar ese huequito que estaba predestinado para ti, y otras veces te llevan a otro sitio y no llegas nunca a saber cuánto potencial podías haber tenido.

Yo estaba entre estudiar medicina y arquitectura.

Y peleada con mi padre porque escogí medicina, y estoy segura de que era la decisión que tenía que tomar, pero no fue fácil.

Y PARA FINALIZAR…

No nos olvidemos que el Método Ponseti viene del doctor Ignacio Ponseti Vives, y eso es una cosa que uno siempre tiene que tener presente.

De dónde viene, que no se llama así por así, me duele cuando algún profesional cambia el nombre no escribiendo correctamente su apellido.

Para mí es una falta de respeto hacia el Dr. Ponseti y también está demostrando que la persona que lo escribe mal no se ha leído ni un libro de él.

Esto ya es una pista importante para las familias.

Dra. Anna Ey (charla en podcast con Tere – Mis Pies Zambos)

www.annaey.comInstagram: @dra.annaeyFacebook: @dra.anaey

Puedes escuchar la charla completa desde aquí:


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