«Correr cuando te duelen los pies, cuando te fallan las fuerzas y el equilibrio… Correr y seguir corriendo aunque tu cuerpo te dice que pares. Pero no paras. Sigues adelante. Quieres llegar a la meta, y te gustaría no terminar siempre el último o el penúltimo. Llegas el penúltimo. Otra vez. Te duelen los pies. Tu cuerpo está exhausto. Te tumbas en el suelo a descansar. Sientes que no has conseguido tu objetivo, pero sí superarte a ti mismo. Eso es superación. Para mí siempre ganas. Tu esfuerzo está ahí… Y aunque hoy quizás el consuelo es difícil, lo aceptas… mientras esperas a que unas manos mágicas llenas de amor sanen tus pies para siempre.» -Para mi hijo, Tere González Buetas.

Yo no puedo cambiar el mundo, aunque me gustaría hacerlo… desde lo más simple hasta lo más profundo.

Iba a titular este post «La maldita carrera» porque me duele cada año que mi hijo tiene correrla, porque lloro hasta lo más profundo viendo su esfuerzo y su frustración.

Sé que esa no es en realidad su carrera, pero refleja una realidad que vivimos… y me duele.

Hace unos años escribí este post «La carrera de mi hijo» donde ahí plasmé cómo me sentí viéndolo correr y esforzarse al máximo, con una limitación de la que entonces él no era tan consciente. Y lloré muchísimo entonces, y lloro cada año que tiene que correr.

No puedo cambiar el mundo y eliminar todos sus obstáculos y sus frustraciones.

Cómo me gustaría, pero esto no funciona así. Y me siento tan, pero tan orgullosa de él que mi orgullo se mezcla con admiración. Admiro su fortaleza y tesón, sus capacidades y debilidades… aunque a veces me agote como madre y persona que soy.

Me duele en lo más profundo de mi corazón y mi alma todos los obstáculos a los que se tiene que enfrentar siendo tan pequeño, pero también sé que forman parte de su aprendizaje de vida.

«Sus pies serán sus alas, su corazón su mayor arma y su inteligencia su mejor herramienta.»

Cuando todo se junte, será imparable.

No es una esperanza de madre, es un convencimiento de saber que todo lo está haciendo más fuerte, nos está haciendo más fuertes.

El año pasado agradecí el confinamiento para no tener que pasar por ello, pero este año no nos hemos librado.

Y no sé quién de los dos lo ha llevado peor, porque para qué engañarnos, me duele en lo más profundo verlo esforzarse al máximo para quedar el último o el penúltimo. Siempre.

Hay mucho que me enfada en todo nuestro proceso, y que con nueve años siga sin tener los pies bien corregidos, pero de algo estoy segura: su carrera no es esta. Su carrera es de fondo.

Y así se lo expliqué en su momento y se lo volví a repetir ayer.

«Tu carrera no es esta, tu carrera es más larga y te va a enseñar mucho.»

Sé que algún día agradecerá cada obstáculo por toda la fuerza que le ha mostrado. Y se sentirá orgulloso de sí mismo.

Yo no puedo cambiar el mundo para él, no puedo cambiar el mundo para mis dos hijos, pero sí voy a esforzarme al máximo para que el mundo no los cambie a ellos.

Mi esfuerzo es darles todas las herramientas a las que puedan llegar y que crezcan sin dejar de ser ellos mismos. Orgullosos de sí mismos.

Más allá de ganar una carrera, nuestra meta es conseguir ser y disfrutar a la vez.

Feliz día y feliz vida,