Si algo me ha traído este 2020 es mucho aprendizaje en todos los sentidos. Aprendizaje sobre mí misma y aprendizaje en todas las áreas de mi vida y, especialmente, en lo que respecta a la malformación de los pies zambos.

Ha sido un año especialmente duro, pero ya no solo por la pandemia, sino por las situaciones que me han mostrado mis propios límites.

Y eso está bien, pero también es doloroso.

Ahora, terminando este 2020 con sus últimos meses especialmente duros, estoy convencida de que por fin he entendido una de mis lecciones de vida.

Y si me paro a reflexionar hay un denominador común en todo: las soluciones.

Soluciones que siempre deben partir de mí, sin esperar a que los demás cambien su forma de actuar porque al final, el perjuicio siempre es mayor, y porque confiar en que otra persona cambie su forma de hacer, es dejar todo en sus manos, no en las mías.

Sobre los pies zambos de mi hijo, una pregunta retumba una y otra vez en mi cabeza: ¿Por qué no cambié de médico antes?

Me faltó mucha información, sí, pero cuando la tuve seguí confiando en que todo iría bien. Y cuando me di cuenta que la operación no había resultado como me dijeron… esperé, aún sabiendo que ese equipo médico nunca más volvería a tratar los pies de mi hijo.

Ya tenía clara la decisión de cambio, sin embargo… Otras preocupaciones enlentecían mi decisión. Y a ello se fueron añadiendo más y más cosas que han retrasado un nuevo inicio.

El cambio en el que confío plenamente, un equipo médico certificado del que hablaré cuando iniciemos de nuevo su proceso.

Todo esto me ha hecho aprender lecciones importantes, no sólo sobre los pies zambos y sobre lo que en realidad ha sido el proceso de mi hijo. Pero con toda la dureza y las incorrecciones sé que esto me da más fuerza para poder ayudar a otras familias que están pasando por lo mismo que yo, aunque muchas todavía no lo sepan.

Yo siempre creí absolutamente en el equipo médico que trató a mi hijo, incluso después de saber que le habían retirado la férula antes de tiempo, y que eso había incrementado el riesgo de recidiva.

Un retroceso del que, casi tres años después de la operación, seguimos ahí. Sus pies siguen sin estar bien corregidos, pero con más cicatrices y sufrimiento.

Al principio de mi decisión me sentía incluso mal por lo que pudiera sentir el equipo médico, sentía que mi desconfianza y mi decisión de cambio les podría dañar… Ahora sé que ni siquiera tienen derecho a que yo sienta esto por ellos, porque las cicatrices, las heridas y el sufrimiento de estos años y de un tratamiento incorrecto, lo sufre mi hijo. Lo sufrimos nosotros.

Y nadie se pondrá en nuestra piel más que nosotros mismos.

Me resulta difícil no confiar en las personas porque suelo confiar en su buena voluntad, en su buen hacer, en su corazón.

Pero ahora sé que en el tema de la malformación no es cuestión de buena intención, ni siquiera de profesionalidad. Es una cuestión de especialización, pero de especialización de verdad.

Profesionales que se dedican a ello en cuerpo y alma, que aprenden, que se forman, que se entrenan… y que se certifican.

Sé que además de los médicos certificados hay otros profesionales que aunque no estén certificados sí están capacitados para tratar pies zambos. Capacitados para tratar correctamente un pie zambo por el Método Ponseti. Sin variaciones.

Pero ello es, por desgracia, una minoría. Y da igual que el hospital sea de referencia, o el equipo médico sea buenísimo… Porque lo será, pero en otras cosas.

Uno de cada mil niños nace con pies zambos. Somos muchos, pero a la vez muy pocos… ¿Cuántos pacientes con pie zambo trata nuestro médico?

Este 2020 ha venido marcado por momentos durísimos a nivel personal, por decepciones y por tomas de decisiones que reflejan mis propios límites. Y eso, aunque duro, es bueno.

Y con Mis Pies Zambos ha pasado lo mismo.

A nivel personal, si no hubiera sido por la pandemia y otros factores mi hijo estaría en las mejores manos y con los pies ya corregidos. Para siempre. No es una decisión que postergue ya por miedo, sino por la cautela que mi situación familiar me pide.

A nivel de blog y redes he realizado mucha difusión y maravillosas colaboraciones con grandísimos especialistas en diferentes áreas.

No he hecho todo lo que me hubiera gustado, porque cualquier nuevo reto me supone vencer mis propios miedos, mis limitaciones internas. Pero he conseguido darme mi tiempo y a la vez avanzar, cada vez más acompañada.

Y me siento feliz y orgullosa.

Termino el año con un contenido preparado maravilloso que ayudará muchísimo, el blog como fuente principal de información y ayuda, el podcast en marcha y las redes sociales creciendo cada día, y nuevos proyectos maravillosos gestándose.

Y termino este 2020 con el grupo de Facebook del que cada día estoy más orgullosa y agradecida. Y en el que no puedo dejar de nombrar a Natalia y a Íngrid por estar a mi lado siempre y ayudarme a llevar el grupo, con las que además tengo una conexión especial y sé que haremos grandes cosas juntas.

Gracias a Marta Vinyals por la impresionante labor de ayuda profesional y humana que está realizando, y por todo su apoyo siempre, su empatía, disponibilidad y generosidad. Mi admiración y agradecimiento está lleno de cariño.

Gracias a Anna Ey por su excepcional labor, por su apoyo y su ayuda siempre. Y por su generosidad compartiendo tanta información, por su empatía y por trabajar con tanto amor y desde el amor. Mi agradecimiento, mi apoyo absoluto y mi cariño siempre.

Gracias a Sandra Balaguer por su grandísima labor de difusión, por su disposición, por su ayuda e implicación. Gracias por estar siempre y ayudar tanto.

Gracias a Javier Downey por su colaboración y disponibilidad en el grupo.

Si algo me ha regalado este año que termina es recibir tanto de tantas personas, profesionales y familias.

Personas que me ayudan a continuar, que me dan la mano cuando lo necesito, que me abrazan en la distancia y que me aportan la luz cuando me quedo sin ella.

No puedo terminar este post sin felicitar a mi amiga Paula, con la que llevamos tres años caminando juntas de la mano aún en la distancia. Verla recibir un merecidísimo premio Madresfera a mejor blog personal ha sido uno de los mejores regalos este año. Felicidades y Gracias siempre, Paula.

Gracias a toda mi comunidad de Madresfera, porque ellos son mi familia blogger, mi refugio, mi burbuja necesaria.

Y gracias a todos por estar y por mostrarme tanto cariño.

Feliz 2021 y feliz vida.

Seguimos caminando 🙂

Tere González Buetas