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Qué difícil retomarlo todo, salir de la burbuja (como dice mi querida Ceci).

Me está costando muchísimo volver. Crear en tiempos de coronavirus.

Qué difícil todo… ¿Verdad?

Y las preocupaciones no ayudan, porque entre otras cosas, este coronavirus nos ha traído un retroceso más pronunciado en los pies de mi hijo.

Sé que no somos los únicos, el confinamiento y la falta de ejercicio, fisioterapia, el crecimiento… ha hecho que algunos niños hayan retrocedido en la evolución de sus pies.

Mi hijo está operado de una doble transposición de tendones, por lo que sus pies no deberían entrar en recidiva como tal, si todo fue bien.

Pero ahora mismo me recuerda mucho a la recidiva, con su apoyo lateral y de puntillas, con sus dedos en garra y ladeados, con sus durezas, y a veces con su dolor de pies (estas las menos, la verdad).

Sea como sea, aunque me siento inquieta y es inevitable algo de preocupación, tengo la certeza de que sus pies se van a corregir. Ahora sí.

Pero esto lo explicaré más adelante.

LLegar hasta aquí no ha sido fácil, porque la información que tengo ahora no la tenía antes, pero aún así algo muy dentro de mí me culpa por ello.

Por eso insisto tanto siempre en la importancia de que se traten los pies zambos con el Método Ponseti sin variaciones, al 100%.

Esta es la recomendación de los especialistas de referencia certificados en el Método Ponseti, porque hay estudios que muestran cómo las variaciones en el Método incrementan el riesgo de recidiva.

Y estos estudios están en constante investigación y actualización. El Método Ponseti es un método actualizado.

Está demostrado que no respetar el Método Ponseti en su totalidad incrementa el riesgo de recidiva.

Ahí entra en juego la estadística, pero te aseguro que a ti como madre, padre o familiar te da igual esa estadística, porque cuando el número se convierte en persona y lleva el nombre de tu hijo, te rompe por dentro.

Entonces es más duro que al principio, y más inesperado, más doloroso. Y estás más cansada o cansado.

Y empiezas a preguntarte… ¿Se ha hecho algo mal? ¿Pudimos haberlo evitado?

Mi hijo siempre evolucionó muy bien… hasta los tres años y medio. Entonces, prácticamente un año después de la retirada de la férula de abducción, empezó a retroceder. Primero de forma imperceptible, después de forma llamativa.

Y seguimos ahí.

En este blog tienes nuestro proceso, con todos los momentos importantes de nuestro recorrido a lo largo de estos ocho años: escayolas, férula de abducción, recidiva y operación.

Ahora sé que cuando lo operaron no le realizaron las tenotomías de los Aquiles, sino dos alargamientos, que no son lo mismo.

Las familias necesitamos información. Todo sobre nuestros hijos, sobre la evolución de sus pies, sobre los tratamientos que se les realizan.

Esta información es la que nos capacita para entender y poder decidir.

Y si algo se va poniendo cada vez más de manifiesto es la necesidad que tenemos de esa información y de poner más en valor a las personas.

Estos últimos meses han sido duros para muchas personas, pero si me centro en lo que respecta a la malformación… ha habido familias que realmente han sufrido por no saber qué hacer con sus bebés, con las heridas, con los retrocesos, con los tratamientos interrumpidos…

Esto me llevó a pensar en muchas carencias que estamos aceptando, y a sentirme muy agradecida por toda la ayuda desinteresada que se prestó a estas familias.

Esto es lo que agradezco infinitamente, que haya personas que aman su profesión y por encima de esta, a los demás.

Y aquí hago una mención especial a Marta Vinyals, del equipo de la Dra. Anna Ey, por toda la ayuda que prestó y presta siempre de forma generosa y altruista.

Y con esto me quedo, con la generosidad del corazón.

¿Te apetece escuchar el podcast? 🙂

Feliz vida,