Ahora mismo ni siquiera sé si estoy cansada o no. Bueno, algo sí. Cansada de llevar más de 7 años lidiando con mil historias, conociendo tantos especialistas médicos que me estoy empezando a perder entre ellos.

Traumatólogos. Fisioterapeutas. Pediatras. Otorrinolaringólogos. Cirujanos maxilofaciales. Odontólogos. Gastrólogos. Anestesistas. Cardiólogos… Y ahora, neuropediátras.

¿Y sabes qué?

Que siento agotamiento.

Que sí, que todo está bien. Que sí, que son temporadas. Que sí, que todo tiene solución… Pero yo también me canso y me pierdo a veces.

Tengo sentimientos encontrados, porque soy consciente de que empezamos una nueva etapa. Como poco la continuación de algo que no estaba solucionado.

Y no sé si va a ser más difícil.

Porque, qué quieres que te diga, todavía no sé qué vamos a necesitar hacer para que estos pies terminen de caminar bien.

O quizás sólo sea cuestión de un poquito más de tiempo y de solucionar otro tema que puede que haya ido de la mano, acompañándonos estos últimos años: la celiaquía.

Hace un año y nueve meses que operamos a mi hijo de los dos pies. Esa transposición de tendones que ha solucionado mucho, pero no todo.

Hace ya muchos meses que veo que algo no termina de ir bien. Y me da igual que me digan que el pie fisiológicamente está bien.

Me da igual que cuando quiere pisa bien, marcha bien y pone los pies bien.

Me da igual todo eso porque en el día a día, no es así. Y porque veo que todo sigue igual, aunque haya mejorado. Y sigue con una especie de limitación que no lo deja ser él en todo su potencial.

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Porque sí, a pesar de sus pies zambos, su potencial y su forma de ser siempre ha sido más de lo que hoy es.

¿Y qué puedo contarte?

Pues que hace dos semanas tuvimos revisión con la traumatóloga. Le comenté lo que yo veía y que no lo veía bien.

Examinó sus pies. Sus caderas. Revisó sus huellas en el podoscopio. Lo hizo caminar normal, de puntillas, de talones. Y nos derivó al neuropediatra.

En menos de un mes tenemos cita con él.

Quizás esa sea la solución. Una solución que, para serte sincera, yo ya llevo un tiempo pensando.

Porque como ya te comenté en el post Caminar después de una transposición de tendones el cerebro necesita transmitir bien las órdenes a los pies, que llevan toda la vida caminando de una forma.

Y, aunque las limitaciones físicas ya no existen, ahora quedan esos pequeños movimientos que hacen que todavía los pies no caminen rectos. Que todavía los pies no le hagan correr más de lo que corren.

O quizás sólo se trata de una falta de concentración, porque para serte sincera, estamos pendientes de la confirmación del diagnóstico de celiaquía. Y mucho podría tener que ver en ello (la celiaquía no tratada, entre otras cosas, produce anemia, falta de concentración…).

Juega. Salta. Corre. Disfruta. Pero todavía no como antes de entrar en recidiva. Y sí, han transcurrido tantos años que a veces pienso que lo que hacía entonces ya nunca vuelva a hacerlo.

Pero caminaba muchísimo. Y andaba rápido. Y le encantaba correr. Ahora ya no.

Una cosa que me alegra enormemente es que haya encontrado un deporte que le está gustando mucho y que a su vez le va genial: el tenis.

Salí contenta porque sé que ahora sí estamos por el buen camino, pero aunque al principio me lo negué a mí misma, ahora me siento algo preocupada y cansada. Y aquí estoy sentada en la incertidumbre, porque no sé más de lo que sé ahora mismo.

No sé los siguientes pasos, ni si hará falta mucho o poco. Sólo sé que en unos días tenemos cita con un nuevo especialista que lo va a valorar todo. Y ese especialista es el neuropediatra.

Paso a paso, continuamos caminando… con nuestros pies zambos.

Feliz día,


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