Hoy comparto una reflexión sobre la soledad de una madre, sobre mi soledad y la que puede ser tuya también. Creo que es algo muy común, sobretodo entre madres. En este post me voy a centrar en la madre, porque lo escribo desde mi sentir.

Siempre escribo como madre, pero hoy lo voy a hacer más. Hoy escribo como lo que soy, una madre de dos niños de 5 y 7 años. Escribo desde la soledad que implica entrar en la maternidad de la mano de una malformación sin prácticamente información. Y la soledad de no tener a nadie cerca, ni lejos, que te abrace y te entienda como solo otra madre que haya pasado por lo mismo que tú puede hacerlo.

La primera vez que oí hablar de pies zambos fue en la ecografía de las veinte semanas, en septiembre de 2011. Embarazada de mi primer hijo la doctora nos decía ese «está todo bien, pero… tiene los dos pies zambos». Frase que se me quedó grabada y que tantas veces he repetido.

Porque en ese instante se me hundió el mundo… Que sí, que luego me recompuse y mi hijo me dio una fuerza impresionante, pero ahí estaba yo, abrazando mi soledad con mi marido y nuestro hijo en mi vientre.

¿Quién abraza a una madre en esos momentos?

Y con el abrazo voy más allá del compadecimiento, de los ánimos y de cualquier otro ofrecimiento similar. Con el abrazo me refiero a darle lo que ella necesita en ese momento, aunque ni siquiera sepa que lo necesita.

Y ahí no te abraza nadie.

Porque quien quiere abrazarte no puede por desconocimiento, en tu entorno no suele haber nadie que lo haya vivido, ni nadie que entienda del tema, y aún así… tú necesitas otro tipo de abrazo, mucho más grande y profundo.

El abrazo de una persona que empatice profundamente contigo, desde el corazón, que te reconforte, te entienda y te ayude con todo lo que necesitas saber. Y eso, por desgracia, la gran mayoría no lo tenemos.

Y ahí estás tú, con tu embarazo, luego con tu bebé… tirando para adelante como puedes, impulsada sólo por la fuerza que te da ese amor tan grande que tienes hacia tu hijo. Esa fuerza que te hace poder con todo y ya de paso, olvidarte de ti misma.

Es lo normal, eres mamá. Eso es así.

¿Es lo normal?

Una vez aceptado esto sigues adelante… por tu hijo, por tus hijos. Y sigues olvidándote de ti, porque, sinceramente, ni siquiera te das cuenta de que también te necesitas.

A remolque vas sacando adelante a ese bebé que tanto te necesita, y entre visitas médicas, alguna preocupación y mucho amor pasan los primeros años. Sus primeros años.

¿Y luego qué?

Luego te das cuenta, realmente, de lo difícil que fue, de que te hubiera gustado disfrutar más y de que estuviste sola. Y sí, en realidad no estuviste sola, tuviste a mucha gente a tu alrededor que te quiso, pero nadie supo abrazarte como necesitabas dándote todo el apoyo e información que te faltó. Cuántas cosas por aprender todavía…

Las prisas se comen la parte emocional en los tratamientos, y al final nos encontramos solos y totalmente perdidos, siguiendo las indicaciones que nos van dando con cuentagotas y buscando información y soluciones a los problemas que se nos van presentando.

Creo que, quizás por eso, empecé a escribir este blog, hace ya cuatro años y medio.

Yo fui esa madre abrazando a la soledad, en la angustia que no fui consciente de vivir. Y lo que es peor, sigo siendo esa madre, casi en la misma soledad.

Siempre lo digo, este blog surgió de mi necesidad de ayudar a otros padres que estuvieran en la misma situación que nosotros. Ni siquiera lo pensé, surgió así, sin más. Yo en aquel momento tenía otros proyectos y todas mis ilusiones puestas en mi otro blog Mi Mundo con Peques.

Aquí volqué mi experiencia con la esperanza de poder ayudar. Y sin darme cuenta y para mi sorpresa, empecé a hacerlo. He respondido (y sigo respondiendo) a muchísimos mensajes privados intentando ayudar, siempre como madre, desde mi experiencia y el aprendizaje que he ido acumulando a lo largo de estos años.

Y escribo esto porque hoy estaba pensando en algo y, de repente, me ha venido a la cabeza todo lo que, poco a poco, he ido creando con la intención de visibilizar los pies zambos… y me he visto sola. Sigo necesitando ese abrazo.

Después de un blog, presencia en la mayoría de redes sociales, un podcast y el cuento La fuerza de mis pies… siento que todo ha avanzado, pero seguimos estando muy lejos de abrazarnos los unos a los otros.

Quizás eso es lo que yo he echado de menos a lo largo de estos años.

¿Y a la madre quién la abraza? ¿También tú sientes que te falta ese abrazo? Y sí, los padres también necesitáis ese abrazo, pero yo soy madre y este post está enfocado a la madre. Algún día conseguiré que mi marido muestre aquí su visión como padre 😉

Me encantará leerte en los comentarios de este post, además de leerte eso ayuda muchísimo al blog y a otras personas que lean este post 🙂

Feliz día,