En la última entrada te explicaba cómo estábamos llevando con el peque los días de espera hasta la operación. Si no lo has leído puedes hacerlo desde aquí: Los días de espera para la operación de los pies de mi hijo

Así que hoy, por fin, escribo sobre la operación.

Le operaron hace 21 días, así que en este post voy a centrarme en qué le hicieron, cómo fue la intervención y el postoperatorio.

Mi hijo acaba de cumplir seis años. La mañana anterior a la operación tuvimos cita con su traumatóloga. Se sorprendió mucho porque el pie izquierdo (que era el que mejor estaba) había retrocedido enormemente en los cuatro meses que hacía que no lo veía. Así que no había opción: se operaban los dos pies.

Por la tarde ingresamos para operarle al día siguiente por la mañana. Mi hijo estaba tranquilo, es más, estaba hasta contento.

Cuando vinieron a buscarlo pudimos acompañarlo hasta la puerta de quirófano. Y fue ahí cuando empezó a sentir algo de miedo. Pero no dijo nada. Mi marido y yo lo acompañamos diciéndole cosas bonitas y fingiendo alegría.

Pero cuando nos despedimos, le dimos un beso y cruzó esa puerta, vi en sus ojos lo mismo que estaba en los míos: miedo y ganas de llorar.

La operación fue con anestesia general y consistió en una tenotomía de los dos tendones de Aquiles (en el informe lo describen así: “alargamiento del Aquiles bilateral en escalera”) y también se realizó una transposición del tendón tibial anterior a la tercera cuña, en cada pie.

El objetivo de la operación es alargar los tendones que antes estaban muy cortos e impedían la correcta posición del pie, y desde hace más de un año el correcto desarrollo y crecimiento. De hecho, mi hijo está llevando el mismo calzado que el invierno anterior.

Con este alargamiento, el pie podrá ponerse en la posición correcta y continuar su desarrollo normal.

La intervención no fue excesivamente larga, pero sí duró entre unas cosas y otras unas tres horas desde que se lo llevaron hasta que nos avisaron que todo había ido bien, pero que estaría en observación una media hora más.

Puedo decirte que fueron las horas más eternas. Yo sabía que todo iría bien, confiaba plenamente en el personal médico (sino no le hubiera operado allí), pero es inevitable tener miedo…

De quirófano salió con las escayolas hasta las ingles. En el informe lo especifican así: “Yeso inguino-pedico a 90º“.

La traumatóloga nos explicó que todo había ido bien, según lo previsto, y que llevaba un cáteter con analgesia para el dolor. Yo no entendía mucho lo que era el cáteter, pero luego vi que era lo mismo que me pusieron a mí para las epidurales. La diferencia estaba en que en su cáteter iba conectado un bote con analgesia.

Así que ese día no tuvo ninguna molestia, y terminó pasando la tarde más feliz que una perdiz. Para hacer pipí tuvieron que sondarle, porque él tenía ganas, pero no podía.

Y es que un efecto secundario de la analgesia que llevaba puesta fue que no sentía esa zona, así que no controlaba esfínteres. Y también empezó a vomitar, otro efecto secundario de esa analgesia.

Así que, al día siguiente, la traumatóloga dijo de quitarle el cáteter para que pudiera controlar esfínteres y tolerara algo. Y cuando se le fue el efecto de esa analgesia… empezaron los dolores fuertes.

Mi hijo es un niño muy sufrido, valiente y fuerte, que tiene el umbral de dolor alto. Y el pobrecito sufrió mucho. Hubo dos horas horribles en las que rabiaba. Nunca lo había visto así. Y yo sabía que eso no tenía que ser así.

Las enfermeras le dieron medicación, luego otra, luego otra… llamaron al anestesista, pero justo entonces le hizo efecto todo lo que le habían dado… Fueron dos horas horribles, en las que sólo haces que consolarle y llorar tú también de rabia, diciéndole que lo sientes, que no tenía que dolerle tanto.

Algo falló. Quizás quitarle tan pronto el cáteter. Quizás el conjunto de todo… Si en algún momento se quedaba relajado, le daba un espasmo en las piernas y rabiaba. Cuánto tenía que dolerle…

La noche fue mejor, aunque dolorosa, pero no tanto.

Al día siguiente la traumatóloga me comentó que habían estado a punto de darle anestesia, que habían hablado con el anestesista, pero justo mejoró. Nos dijo que ese día nos íbamos a quedar, porque así no podíamos volver a casa, sin tolerar líquidos y con muchos dolores. Eran las 8 de la mañana.

Y entonces empezó a mejorar. Empezó a tolerar líquidos, sólidos, a no tener mas que los dolores normales… Y fue tal la evolución que a la una del mediodía volvió la traumatóloga (hacía varias visitas al día) y planteó darle el alta.

A las tres nos dio el alta.

Y la verdad es que desde entonces tomó muy poquita medicación. La recuperación ha sido muy rápida y a día de hoy ya hace unos días que no se queja de ninguna molestia.

¿La adaptación a las escayolas y a la silla de ruedas?

Pues es que los niños tienen una capacidad de adaptación tremenda.

Se adaptó desde el principio, y como es un niño muy autónomo, desde el primer momento se mueve él solo con la silla de ruedas, y quiere hacer mil cosas, y sigue jugando, y pintando, y haciendo casi todo lo que quiere. Casi todo.

Pero es consciente de que ese “casi” es parte del proceso.

Y tiene muchísimas ganas de poder correr… Pero para eso falta un poquito más.

Recomendaciones

Las recomendaciones que nos dieron fueron que estuviera con las piernas en alto y que podía utilizar la silla de ruedas para desplazarse. Yo tengo que obligarle a ponerse en el sofá descansando las piernas, porque él se pegaría todo el día en la silla de ruedas.

Y una recomendación importantísima era que fuera moviendo los dedos de los pies, para ir trabajando los tendones.

Y hasta aquí por hoy. No sé si han operado a tu hijo de lo mismo que al mío, o tienen que operarlo… Me gustará saber tu experiencia, sea cual sea, y si la compartes en los comentarios ayudarás a otros papás. Mil gracias.

Un beso y hasta la próxima