Como mamá primeriza esto es una de las cosas que más difícil se me hizo… Dar el pecho a un bebé con la férula Dennis-Brown no es fácil, o por lo menos, cómodo.

Me encontraba con mi bebé (al que mantuve con lactancia a demanda, y su demanda fue muy alta) y las indicaciones que te dan con la postura correcta.

Y esa postura no puede ser cuando tu bebé tiene una férula que inmovilizada sus pies… ¡Menudo engorro de aparato!

Lo más fácil hubiera sido quitárselo, pero nosotros seguimos su corrección y las indicaciones de la traumatóloga al pie de la letra y no le quitábamos la férula más que lo imprescindible (baño y cambios de ropa). Ni siquiera para cambiar el pañal (luego con nuestro segundo hijo vimos que lo que parecía un obstáculo, para cambiar el pañal nos iba bien… porque levantando la barra sus piernas estaban sujetas… con el pequeño nos resultaba más complicado con todo lo que se movía 😉 ).

Así que probé las mil y una posturas y no sé cómo, siempre acababa con su cuerpo retorcido… Sí, porque se supone que tienen que estar de lado, su ombligo con tu ombligo.

Pues eso es complicado cuando tienes una barra que fuerza la abertura de sus piernas (además mi bebé empezó con la barra más grande, y es la barra que utilizó durante todo el tratamiento).

Durante un tiempo, sobretodo al principio, utilicé un cojín de lactancia que me dejó una amiga y que me fue súper bien, la verdad.

Era grande, rígido, y me permitía mantener la postura medianamente bien.

A través de este post, y sin ninguna foto, es complicado enseñarte cómo era la postura. Pero lo que me interesa es que sepas que no, la lactancia no será tan cómoda como lo es con un niño sin aparato, pero que se puede hacer perfectamente.

Recuerdo tardes enteras con él al pecho… comiendo, durmiendo… Yo era no sólo su alimento, también su calma, su tranquilidad y su amor. Y así fue como sobrellevamos desde un principio, todo el proceso.

Un proceso que intentamos vivir de la forma más natural posible y disfrutar de ello.

Una de las cosas más tristes que recuerdo de esa lactancia, fue tenerlo entre mis brazos y sentir sólo una parte de su cuerpo. Era como si sus piernas y pies estuvieran a parte.

Y, en cierta forma, así era.

Yo podía abrazarlo y acurrucarlo contra mí… pero sus piernas y pies estaban ahí, rígidas y mantenidas por un aparato que las dejaba a parte.

Sí, como tú si me estás leyendo y sabes de qué hablo… seguro que sabes de lo que estoy hablando, de cómo el aparato que corrige los pies, inmoviliza los pies de tu hijo, separa su cuerpo y le impide y te impide incluso disfrutar de un piel con piel.

Yo con él nunca pude disfrutar de un piel con piel así… Pero disfruté de muchos otras cosas. Y compensé todo eso teniéndolo conmigo todo el tiempo que él lo necesitase. Y el tiempo fue mucho.

La lactancia a demanda incluía dormir conmigo, él no podía girarse todo hacia mí, así que giraba su cabeza y así mamaba. Así era, la única forma que encontramos.

Y esa forma de vivir la prolongué durante un año.

A punto de cumplir doce meses de vida, sin darme cuenta, se produjo el destete… Él ya comía sólidos y le encantaba comer… Así que, de repente, un día me di cuenta de que llevábamos dos días sin lactar.

No hubo trauma, ni dolor, ni para él ni para mí.

Tener dos hijos seguidos me ha hecho poder realizar muchas comparaciones respecto a las diferentes realidades, porque mi hijo pequeño nació con los pies perfectos. Y la lactancia fue muy diferente, aunque él no demandaba tanto, pero lo cogía sobre mí y sentía todo su cuerpecito apoyado en mí.

De los inconvenientes de la Férula Dennis-Brown ya escribí en el post Inconvenientes de la férula Dennis-Brown, pero quería extenderme un poquito más en algo que para mí ha sido muy importante en la relación con mis hijos desde su nacimiento: la lactancia.

Esto no es una crítica hacia quien decide no dar lactancia materna, para nada, respeto a quien lo hace. Cada uno, mejor que nadie, sabe lo que es mejor para uno y para su hijo.

Y eso no debería ser un motivo de conflicto, sino la base del respeto. A fin de cuentas, creo que en eso la mayoría coincidimos: queremos lo mejor para nuestros hijos. Y lo mejor podemos dárselo siempre desde nuestras creencias y estando bien nosotros. Eso es lo principal.

Yo hice lo que sentí que era mejor para mi hijo y para mí. Y es lo que cada uno tenemos que hacer, seguir nuestro instinto…

El amor se transmite de mil maneras 🙂