Esta semana me apetecía escribir un post animado, sobretodo pensando en ti si estás en la misma situación que estuve yo hace unos cuatro años. Todavía embarazada y con un mundo sin explicar y sin hacer sobre mi cabeza. Y lo que es peor, sin tener a mi bebé todavía.

Así que hoy te cuento todas las cosas que se me pasaron por la cabeza, cosas negativas, y que luego la realidad ha sido muy diferente.

Pensé que mi hijo nunca…

  • Caminaría con los pies rectos. Pues sí, un milagro entendido como tal, porque visto cómo nació mi chiquitín a cómo está ahora… Eso sí, aún tiene sus pequeñas marcas de la corrección en su piel, pero qué más da… Apenas se notan ya, o me he acostumbrado, pero la verdad es que tienes que fijarte para darte cuenta. Adoro sus pies.
  • Jugaría al fútbol, esquiaría, saltaría… Vamos, que haría una vida normal de niño. Y sí, hace lo que quiere. Esquiar no esquía porque no lo hemos llevado, pero no porque no pueda.bobby-car-349695_960_720
  • Llevaría calzado normal. No ha llegado todavía ese momento, pero falta muy poco. Estoy haciendo la cuenta atrás…
  • Pasaría desapercibido. Lo primero que me vino a la cabeza es que llevaría un calzado ortopédico con hierros (nada que ver con la realidad). Una vez cumplió el año y dejó de llevar la férula Dennis-Brown para corregir sus pies, el calzado de horma recta pasa totalmente desapercibido como un calzado ortopédico, se diferencia muy poco de otro de horma normal.

Eso pensé y no fue así. Ya conté aquí cómo me sentí cuándo me dieron la noticia, cómo nos sentimos, porque en esto estábamos los dos: mi marido y yo. Sentimos todas estas cosas y nos imaginamos un niño que no haría lo que mismo que los otros niños, que no jugaría apenas con ellos y que estaría apartado, siendo especial.

Pero nada de esto ha sucedido. Mi hijo está a punto de cumplir cuatro años y lleva una vida totalmente normal, juega a lo que quiere con los demás niños, salta, corre, chuta la pelota… Si no lo decimos, nadie sabe que nació con los pies zambos.

También he de decir que todo esto lo pensamos antes de que naciera nuestro hijo, y de hablar con la traumatóloga, puesto que lo primero que hizo cuando llegamos en la primera visita fue asegurarnos que nuestro hijo quedaría bien y podría llevar una vida totalmente normal, como la de cualquier otro niño. Confiamos plenamente en ella y en su equipo, y así ha sido 🙂

Y hasta aquí por hoy… ¡Hasta la próxima!