Sólo llevó un año la férula Dennis-Brown. Pero fue un año entero, con sus días y sus noches. Y no un año cualquiera, su primer año.

Ya he comentado los inconvenientes que hicieron que, para nosotros, se hiciera pesado que nuestro hijo llevara la férula siempre. Día y noche. Sólo quitándosela el ratito del baño y para los cambios de pañal, si era necesario.

De hecho, no hubiera podido caminar aunque hubiera querido. Pero que no andara no quiere decir que no se moviera.

Los niños tienen una capacidad de adaptación increíble, y claro que mi retoño se movía… ¡y mucho!. Se agarraba a lo que podía y arrastraba las piernas para moverse de pie, gateaba rapidísimo moviendo de un lado a otro las piernas atadas con la férula.

Él hacía todo lo que hacen los demás niños, pero de otra manera. Y tenía las piernas más fuertes que ningún niño de su edad. Sí, fortaleza ya creo que la tenía… llevaba toda su vida haciendo pesas con las piernas, primero con las escayolas y después con la férula.

Y creo que eso compensa, en cierta medida, que esa musculatura esté ya por deformación, menos desarrollada que la de otros niños sin pies equinovaros.

Por eso, hay ciertos deportes que nos recomiendan algunos traumatólogos (eso lo he sabido más tarde), como la natación, el taekondo, el ballet… y supongo que me dejaré alguno de ellos, o muchos.

Cada dos meses teníamos la revisión en Traumatología, y veían que todo seguía bien. Y cada dos meses nos daban la alegría de saber que todo iba bien, y que ya quedaba menos.

Tengo que decir que nosotros seguimos al pie de la letra todas las indicaciones que nos dieron los doctores, y eso fue un factor fundamental en el buen desarrollo de la corrección.

Fuimos estrictos en no dejar al niño sin la férula puesta más que los momentos necesarios para el cambio de ropa, baño… Y eso ayudó en su buena corrección, según nos indicaron los traumatólogos al final del tratamiento. Eso y los pies de mi hijo, por supuesto.

El primer año se hizo largo y corto a la vez.

Largo porque teníamos unas ganas tremendas de que llegara a su fin y le quitaran la férula. Y corto porque, en medio de todo, te acostumbras y disfrutas al máximo de tu bebé. Porque aunque fue duro, yo sabía (estaba absolutamente convencida) de que todo iba muy bien y que quedaría con los pies corregidos.

Y nosotros, en medio de todo, disfrutamos y normalizamos todo lo que pudimos la vida de nuestro pequeñín.

Primera vez que sentábamos a mi hijo en el carro de un supermercado

 

Cuando cumplió su primer año de vida llegamos a otra etapa de nuestro recorrido.

Recuerdo ese día como si fuera hoy, fuimos a Traumatología a la revisión y, tal y como ya nos habían pronosticado, nos dijeron que a partir de ese momento nuestro hijo ya no necesitaría llevar la férula durante el día, para que pudiera empezar a caminar.

Pero seguiría llevando la férula Dennis-Brown para dormir durante otro año más.

  • Y aquí hoy te digo que si te dicen esto, o le quitan la férula para dormir antes de los cuatro años, busques una segunda opinión de otro especialista. Porque el método Ponseti es lo que indica para evitar la recidiva. Y hoy es lo único que puedo recomendar, después de que mi hijo haya tenido que pasar por quirófano por una recidiva.

 

También nos indicaron que no podría utilizar calzado normal, debería utilizar calzado de horma recta durante unos años.

  • Y aquí hoy también te digo que yo creo que para mi hijo fue lo mejor (aunque es un dineral lo que cuesta), pero que hay traumatólogos que no lo consideran necesario.

 

La explicación que nos dio nuestra traumatóloga es que utilizando el calzado de horma recta se evita que el propio calzado modifique la forma de los pies, y que es un calzado apropiado para cualquier niño.

La verdad es que en ese momento, lo del tipo del calzado nos pareció una nimiedad (al lado de utilizar la férula para la displasia de cadera, las escayolas y la férula Dennis-Brown), pero pronto nos dimos cuenta de que no era así.

Este tipo de calzado no se encuentra facilmente. Y, aunque lo encuentres, no dispones de muchos modelos a elegir. La verdad es que poquísimos, y encima extremadamente caros.

De eso hablo aquí, en el post Dónde comprar el calzado de horma recta He puesto ese enlace, pero tengo muchos post sobre el calzado.

Salimos de la consulta inmensamente felices. Con nuestro niño sin barra, descalzo, y ya no volvimos a ponerle la barra nunca más durante el día.

Lo veíamos tan libre que estábamos emocionados.

Emoción inmensa, eso sentíamos.

Al día siguiente fuimos a comprar a un supermercado y fue la primera vez que pusimos a nuestro hijo en el asiento del carro del supermercado. Algo tan simple que nosotros nunca habíamos hecho porque hubiéramos tenido que quitarle el aparato y nos suponía mayor trastorno que llevarlo en su sillita, la verdad.

Y esto fue otro motivo de celebración. Porque hay que celebrar cada momento bueno, igual que lloramos cada momento malo. Y eso hemos ido haciendo siempre, celebrando cada avance en este largo recorrido.

Cada etapa superada ha significado un motivo de alegría tremendo que hemos querido compartir siempre con nuestra familia.

Y hasta aquí por hoy… ¡Hasta la próxima! 🙂