*Post actualizado: 2019_Julio

Fue todo muy rápido.

Mi pequeñín tenía sólo 7 días de vida.

Viernes, 10 de febrero de 2012, los pechos con grietas, apenas podía sentarme por las heridas que tenía del parto, y tuvimos que emprender viaje al HOSPITAL, que está a unas dos horas de nuestra ciudad, para que nuestro campeón tuviese su primera visita en traumatología. Ese viaje fue toda una odisea.

Mi marido y yo recordamos esa visita con una pesadumbre muy dolorosa.

Fue la primera vez que oímos llorar a nuestro hijo con una energía que hasta entonces no había tenido. Porque hasta entonces no había llorado, sólo había producido algún chemeco.

Y fuimos a esa visita sin saber a lo que íbamos, porque nadie nos dijo nada. Nadie nos explicó nada, y lo dejaron todo a que allí nos dirían.

*Ahora, más de siete años después, sé que a quien vive allí los citan con Traumatología en cuanto se produce el diagnóstico (normalmente en la ecografía de las veinte semanas). Y eso me produce mucha más desazón, o rabia, o dolor… porque yo necesité esa visita también, pero no me la ofrecieron. Ni siquiera supe que existía esa posibilidad.

Por eso mi consejo es que, si tampoco te han ofrecido esa posibilidad, la pidas, porque aunque no lo sepas, la necesitas. Y es un derecho que tienes y que puede marcar la diferencia en el buen desarrollo de la corrección de tu bebé.

Ese día hubo dos traumatólogos y varias auxiliares, además de estudiantes en la consulta (es un hospital universitario).

Corrección de los pies zambos mediante el Método Ponseti 🙂

Lo primero que hicieron fue explicarnos cómo iban a corregir los pies de nuestro hijo: mediante el método Ponseti, una técnica con la que, si nosotros colaborábamos con sus indicaciones, nos aseguraban que los pies quedarían totalmente corregidos y el niño podría llevar una vida totalmente normal, jugar al fútbol o a lo que quisiera.

El método consiste en ponerle unos yesos cada semana hasta que los pies vuelven a la posición correcta, tras las que viene una tenotomía del tendón de Aquiles, otro período de escayolas para después utilizar una férula correctora que inmoviliza sus pies durante el primer año todo el día (aquí hay variaciones según la evolución del niño y las indicaciones que dé el traumatólogo, que establecerá cuándo ir reduciendo el número de horas durante el día), y hasta mínimo los cuatro años para dormir.

En nuestro caso, hubo alguna variación en el método, que iré detallando a lo largo de los post.

Nos dijeron que estuviéramos tranquilos, que el niño quedaría perfecto. Y eso nos tranquilizó, y nos tranquilizó hasta el punto de que habíamos pensado mirar otras opiniones y ya no las consideramos. Aunque en aquel momento tampoco sabíamos a quién acudir al respecto y las personas con las que hablamos, que habían pasado por ello nos recomendaron el hospital al que íbamos.

*A día de hoy (más de siete años después) sí sé a qué profesional ir, y quienes son los mejores especialistas de España en pies zambos. El camino para llegar hasta aquí no ha sido fácil, pero el aprendizaje ha sido muchísimo.

Desde ese momento confiamos plenamente en el equipo médico que lo atendió.

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Foto de mi hijo con sus primeros yesos, a los 7 días de nacer

 

Y, sin más, nos hicieron poner a nuestro pequeñín en la camilla, desnudito, y se volcaron sobre él entre 5 y 7 personas.

Mi marido y yo quedamos en la misma sala, pero apartados, oyendo y viendo con mucho dolor y lágrimas contenidas el llanto de nuestro hijo.

De este momento ambos guardamos mucha tristeza. Creo que los médicos se centraron tanto en la parte física, que se olvidaron de la emocional.

Lo enyesaron con rapidez. Se empeñaron en decir que tenía hambre, que necesitaba chupete, que tenía carácter… Esa fue la primera vez que oímos llorar a nuestro hijo. Y es de las pocas veces que ha llorado con esa desesperación.

Todavía me duele.

Con los yesos lo que hacían era ir moviendo de forma gradual los pies hacia la posición correcta. Y, sí, aunque ellos decían que el niño no se enteraba, por supuesto que se enteraba.

Ese día mi hijo lloró como nunca, el camino de vuelta fue todo el viaje llorando, llegamos a casa y seguía llorando, quejándose, inquieto, nervioso… pero no fue hasta el miércoles siguiente que no estuvo normal. Y el viernes volvimos a por las siguientes escayolas.

Como curiosidad diré que, a partir de entonces, el peso del niño fue estimado. La semana siguiente, nos dieron la escayola que le habían quitado para que la pesara la pediatra y descontarla del peso del niño.

Otro detalle importante es que nos comentaron que los niños con pies equinovaros pierden una talla de pie, en el caso de nuestro hijo, al ser los dos pies, no se notaría.

Y así cada semana… hasta que se terminó la corrección… cinco semanas después.

La primera escayola nos dolió en el alma porque nuestro hijo lloró mucho, porque salió enyesado hasta las ingles y eso es muy duro… y porque no pudimos estar ni siquiera para que él nos sintiera cerca.

En este sentido, creo que todo hubiera sido más fácil de hacerlo de otra manera… Y creo que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Y esta fue nuestra experiencia con sus primeras escayolas…

Feliz día,


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