Lo recuerdo como si fuera hoy, y ocurrió hace ya más de tres años. Estaba embarazada de 20 semanas, feliz, muy feliz. Esperaba ansiosa la ecografía de la semana 20, la tridimensional, para ver a mi pequeñín o pequeñina, para saber si era niño o niña… Pero en ningún momento pensé que algo podía estar mal.

Yo notaba sus movimientos, se movía muchísimo, pataleaba en mi vientre a todas horas y… estaba tranquila… hasta que la obstetra dijo: “está todo bien, pero…” Y ahí se me hundió el mundo.

La obstetra lo revisó varias veces, hizo que se moviera, y volvió a revisar todo lo demás.

Mi hijo tenía los dos pies equinovaros, es decir, metidos hacia dentro. La verdad es que en esos momentos te dan ganas de protegerlo mucho, me imaginé que no podría jugar al fútbol, que iría con aparato ortopédico, que apenas podría andar, que los demás niños… Pero, afortunadamente, la realidad ha sido bien distinta.

Por eso he querido escribir este blog, para poder ayudarte si estás en la misma situación que estuve yo hace más de tres años, para compartir toda la información posible, y para que entre todos nos ayudemos en lo que podamos.

A mí y a mi marido se nos hundió el mundo hasta que, poco a poco, nos fuimos tranquilizando y asimilando lo que eran los pies equinovaros. Se lo contamos a la familia más directa, y, aunque detallamos lo que sería, nadie imaginó cómo iba a tener los pies mi hijo. Nosotros sí, porque ya habíamos buscado muchísima información y habíamos visto imágenes de los pies equinovaros en recién nacidos.

Nos citaron para la semana siguiente, con el fin de descartar que el niño tuviera algún otro problema asociado y confirmar el diagnóstico. Me hicieron otra ecografía, que confirmó que lo único que tenía era la deformidad de los pies. Para entonces, los pies eran lo de menos, porque podía haber alguna otra cosa que sí sería realmente grave e incapacitante.

Tuvimos 18 semanas para hacernos a la idea, mentalizarnos, informarnos y prepararnos. Quedaba la posibilidad de que fueran reducibles, es decir, que el traumatólogo al nacer los moviera y quedaran bien. Pero algo en nuestro interior nos decía que esto no sería así.

Pies de mi hijo recién nacido

Pies de mi hijo recién nacido

Mi hijo nació la madrugada del 3 de febrero de 2012, con los pies totalmente girados. El diagnóstico: Pie equinovaro bilateral.

El 5 de febrero nos dieron el alta y nos derivaron al Hospital de referencia de nuestra comunidad autónoma. El traumatólogo nos dijo que sus pies no eran reducibles y que tenían que verlo los especialistas, y que tenían que verlo enseguida. Era domingo, nos dijo que recibiríamos una llamada con la citación, pero que si el jueves no nos habían llamado que llamáramos al Hospital, porque era urgente.

Y ahí empezó nuestra odisea, la burocracia de la Seguridad Social. El miércoles no nos habían llamado, así que no quisimos esperar hasta el jueves (ya conocíamos cómo funciona esto). Después de muchas llamadas conseguimos que nos atendieran en atención al paciente. Todavía hoy recuerdo a la señora que me contestó al otro lado del teléfono, se rió de mí y me dijo que las citas tardaban meses, que era imposible que tuviera la cita ahora. Le dije que en unos meses mi hijo ya no tendría solución, que había que tratarlo ahora. Pero no quiso ni mirar el expediente ni informarse. Así que llamé al Hospital donde había nacido mi hijo y hablé con el pediatra que nos había derivado. Él se encargó de todo y nos citaron para ese mismo viernes.

Y hasta aquí por hoy… Si necesitas cualquier aclaración, tienes una duda o quieres comentarme algo, no dudes hacer un comentario o ponerte en contacto conmigo a través del formulario de contacto de la pestaña “Quién soy”. ¡Gracias!

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