Lo recuerdo como si fuera hoy.

Embarazada de 20 semanas, feliz, muy feliz. Esperaba ansiosa la ecografía de la semana 20, la tridimensional, para ver a mi pequeñín o pequeñina, para saber si era niño o niña… Pero en ningún momento pensé que algo podía estar mal.

Yo notaba sus movimientos, mi hijo se movía muchísimo, pataleaba en mi vientre a todas horas y estaba tranquila… hasta que la obstetra dijo: «está todo bien, pero…»

Y ahí se me hundió el mundo.

La obstetra lo revisó varias veces, hizo que se moviera, y volvió a revisar todo lo demás.

Mi hijo venía al mundo con los dos pies equinovaros, una malformación que hace que el niño nazca con los dos pies girados hacia adentro, y terminados en punta.

La verdad es que en esos momentos me dieron ganas de protegerlo mucho, sintiendo que iba a ser un niño débil con multitud de dificultades que superar, con mucho dolor.

Imaginé que no podría jugar al fútbol, que iría con aparato ortopédico, que apenas podría andar, que los demás niños… Pero, afortunadamente, la realidad ha sido bien distinta.

Por eso he sentido la necesidad de escribir este blog, para poder ayudarte con mi experiencia si estás en la misma situación que estuve yo en ese momento, para compartir toda la información posible, y para que entre todos nos ayudemos en lo que podamos.

A mí y a mi marido se nos hundió el mundo hasta que, poco a poco, nos fuimos tranquilizando y asimilando lo que eran los pies equinovaros. Se lo contamos a la familia más directa, y, aunque detallamos lo que sería, nadie imaginó cómo iba a tener los pies mi hijo.

Nosotros sí, porque ya habíamos buscado muchísima información y habíamos visto imágenes de cómo son los pies equinovaros en recién nacidos.

Aunque, la verdad, nos faltó tanta información… Si ahora hay poquita información, en aquel momento todavía la había menos. Prácticamente nada. Y nada de lo que necesitamos escuchar, de lo que necesitamos saber.

La obstetra consideró realizar una nueva ecografía la semana siguiente, con el fin de descartar que el niño tuviera algún otro problema asociado y confirmar el diagnóstico.

Salimos de la consulta desconcertados, todavía intentando digerir todo, intentando saber…

Una semana después del diagnóstico, me hicieron otra ecografía, que confirmó que lo único que tenía era la deformidad de los pies. Para entonces, los pies eran lo de menos, porque podía haber alguna otra cosa que sí sería realmente grave e incapacitante. Y afortunadamente, nuestro hijo sólo tenía los pies zambos.

Tuvimos 18 semanas para hacernos a la idea, mentalizarnos, informarnos y prepararnos. Quedaba la posibilidad de que fueran reducibles, es decir, que el traumatólogo al nacer los moviera y quedaran bien. Pero algo en nuestro interior nos decía que esto no sería así.

Pies de mi hijo recién nacido
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Pies de mi hijo recién nacido

Mi pequeñín nació la madrugada del 3 de febrero de 2012, con los pies totalmente girados. El diagnóstico: Pie equinovaro bilateral.

El 5 de febrero nos dieron el alta y nos derivaron al Hospital de referencia de nuestra comunidad autónoma, en Zaragoza.

El traumatólogo que lo vio al nacer nos dijo que sus pies no eran reducibles y que tenían que verlo los especialistas, y tenían que verlo enseguida.

Era domingo, nos dijo que recibiríamos una llamada del hospital de Zaragoza con la citación, pero que si el jueves no nos habían llamado que llamáramos al Hospital reclamando la cita, porque era urgente.

Y ahí empezó nuestra odisea, la burocracia de la Seguridad Social. El miércoles no nos habían llamado, así que no quisimos esperar hasta el jueves (ya conocíamos cómo funciona esto). Después de muchas llamadas conseguimos que nos atendieran en atención al paciente.

Todavía hoy recuerdo a la señora que me contestó al otro lado del teléfono, se rió de mí y me dijo que las citas tardaban meses, que era imposible que obtener una cita ahora. Le dije que en unos meses mi hijo ya no tendría solución, que había que tratarlo ahora. Pero no quiso ni mirar el expediente ni informarse. Así que llamé al Hospital donde había nacido mi hijo y hablé con el pediatra que nos había derivado. Él se encargó de todo y nos citaron para ese mismo viernes.

 

Afortunadamente hoy sé que, aunque lo ideal y mejor para la corrección es empezar lo antes posible después del nacimiento, también se pueden corregir niños más mayores, e incluso adultos, mediante el Método Ponseti.

Pero, sinceramente, hoy viéndome a mí misma, recién parida, primeriza, con una episiotomía tremenda y las dificultades propias de tener un recién nacido, con las del posparto y la enorme preocupación por la buena corrección de mi hijo… Sólo puedo abrazarme y decirme que lo hice bien, o por lo menos lo mejor que pude y supe.

Y si te cuento esto es porque puede ser que tú me estés leyendo y estés en la misma situación que yo… Abrázate porque lo estás haciendo genial, y para cualquier cosa, aquí me tienes 🙂

Feliz día,


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